A lo largo de siete eventos y tres ciudades, productores, profesionales y aficionados se encontraron para poner rostro, voz y gesto a cada vino.
El Festival Climats 2026 marcó un momento clave en la historia de Climats, no como una celebración puntual, sino como una sucesión de experiencias compartidas construidas con el tiempo.
Con copas servidas por quienes hacen el vino y conversaciones largas entre clientes, productores y profesionales, todo avanzó impulsado por la curiosidad y el deseo de descubrirse. Para algunos, fue un reencuentro. Para otros, el inicio de nuevas relaciones y nuevas formas de entender el vino.
Más que un festival de vino, fue un recorrido. Un hilo que conectó lugares, personas y botellas. Una forma de entender el vino como experiencia viva, construida entre quienes lo elaboran y quienes lo disfrutan.
Así se vivió una semana intensa, hecha de momentos distintos, ciudades con carácter propio y encuentros que todavía resuenan. Estas son algunas de las escenas que dieron forma a uno de los eventos de vino en México más recordados para nuestra comunidad.
La cena de llegada abrió el festival con un gesto simple y esencial en Niv Bar. Una mesa compartida entre productores y el equipo de Climats; sin escenario y sin prisa.
Las conversaciones comenzaron antes que los brindis. Había entusiasmo por reencontrarse entre productores que se conocen desde hace años, interés por convivir con figuras clave del sector y curiosidad por intercambiar con nuevas bodegas. Surgieron preguntas y comparaciones. El tipo de corcho elegido; cómo fue el año para alguien con un suelo distinto; las formas de darse la «bise», diferentes incluso entre norte y sur de una misma región… Todo circuló con ligereza, entre risas y gestos compartidos.
La cena se acompañó con vinos de cada productor, junto con algunas botellas sin etiqueta que trajeron para compartir impresiones antes de llegar a otros mercados. Paul, de Château de Targé, abrió un Grolleau distinto a su trabajo habitual. Un vino más libre, hecho por el gusto de probar algo diferente. Según sus propias palabras, por divertirse.
Con el paso de las copas, las conversaciones fluyeron con naturalidad. De vez en cuando, algún bostezo delataba el jet lag de quienes acababan de llegar ese mismo día y ya empezaban a despedirse para volver a casa. Antes de hacerlo, repartimos las gorras Climats Terroirista. Cada productor eligió su color. A partir de ahí, las llevarían durante toda la semana. Un guiño compartido. Una señal discreta de pertenencia a ese momento común.
Al día siguiente, nos encontramos de nuevo en Casa Flora 2. El Petit Event propuso otra atmósfera. Una casa arquitectónica en la Roma, abierta y luminosa. Recibimos a un grupo reducido, un máximo de 50 invitados, para mantener la cercanía y el ritmo pausado.
La experiencia comenzó con un recorrido por la casa en grupos pequeños, de cinco a siete personas, mientras la cocina ya estaba en movimiento. Poco a poco, todos se reunieron y dimos paso a las primeras palabras del festival, un agradecimiento directo a una comunidad fiel y apasionada por el vino.
A medida que se servían vinos poco comunes, las conversaciones se volvieron más profundas. A la vista, el chef Tomás Bermudez cocinando. En las copas, vinos que pedían atención. Cada sorbo invitó a detenerse y escuchar, acompañado por ostras y tostadas de atún que completaban la experiencia sin distraerla.
El Trade Tasting reunió a cerca de cien profesionales de la industria. Sommeliers, chefs y compradores de algunos de los restaurantes más relevantes de la ciudad. El ambiente fue enfocado y preciso, con preguntas más profundas y técnicas, intercambios directos y conversaciones al detalle. También fue un punto de reencuentro entre colegas, un espacio para verse, ponerse al día y compartir miradas sobre el oficio.
Para algunos, fue la primera vez que pusieron rostro y voz a vinos que ya formaban parte de sus cartas. Para muchos otros, fue el descubrimiento de nuevas etiquetas que pronto encontrarían su lugar en restaurantes y mesas. Aprovechamos ese momento para agradecer a cada restaurante por la confianza, y por el papel que han tenido en el camino que Climats ha construido hasta hoy.
El Evento Principal cerró el ciclo en Ciudad de México con la comunidad reunida y nuevos invitados junto a amigos de la casa. Fue una celebración abierta y viva, con movimiento constante entre todos los espacios de la bodega. Las obras de la galería Pedro Ávila acompañaron la experiencia y aportaron una energía especial, llena de color y vida. Cada vino encontró a su gente, y cada persona, un vino que llevarse consigo.
Guadalajara recibió el festival con dos encuentros distintos, pensados para escuchar y compartir. Primero con el trade, luego con clientes. Ambos en Casa Matera, un espacio que se prestó de forma natural a la conversación y al movimiento.
Junto al equipo de Hipervinos, los vinos circularon entre bocados cuidados y un montaje abierto que invitaba a quedarse. Las preguntas fluyeron y las conexiones se hicieron rápidas. Fue un momento para conocer mejor al público de Guadalajara, intercambiar miradas, entender expectativas y construir relaciones que se sintieron inmediatas y genuinas.
El recorrido cerró en Punta Mita, con Valgiani como anfitrión en el restaurante Punta Mercedes. Un escenario abierto, los pies en la arena y un atardecer que marcó el ritmo del encuentro.
Los vinos acompañaron el momento con naturalidad. Blancos frescos al inicio, mientras el sol bajaba. Tintos cuando el cielo cambió de color y el viento empezó a sentirse. Todo pareció alinearse sin esfuerzo. El vino se disfrutó sin prisa, como si el paisaje hubiera sido parte del diseño desde el principio.
Rubra nos recibió con mucha calidez en su maravillo espacio dentro del Hotel W y a unos metros de la Playa.
Louis Gonet y Matthieu Delaporte eran los productores protagonistas de la noche sirviendo vinos para acompañar un menu especial diseñado por la chef Daniela Soto.
Rubra te transporta en un espacio cálido donde todos los detalles te hacen sentir especial y privilegiado de estar ahi.
Toda la comida es impresionantemente deliciosa y ejecutada con mucha técnica. Si tuviéramos que mencionar unos platos serian la infladita de suadero con tomatitos y frijol y la barbacoa de cordero con maracuyá y hierbas.
Cuando el Festival Climats 2026 llegó a su fin, lo esencial ya estaba dicho. No en palabras, sino en recuerdos compartidos. Quedaron las conversaciones que siguen vivas. Los vínculos creados entre ciudades. Los vinos que, desde entonces, se prueban de otra forma.
Durante esa semana, los eventos de vino en México se vivieron como espacios de encuentro real. Productores presentes, comunidades que se reconocen y experiencias pensadas para dejar huella. En cada ciudad, el vino fue un punto de partida para conectar personas y miradas.
Eso es lo que permanece después del festival. Una forma de entender el vino desde la cercanía; una red de relaciones construida con el tiempo; y una comunidad que se mueve, se reencuentra y sigue creciendo.
Climats continúa creando experiencias donde el vino conecta. Descubre aquí.